domingo, 27 de febrero de 2011

Llega la primavera

Las mañanas muestran piedad al mundo entero, deciden aumentar la temperatura en el aire, abren el cielo, los rayos del sol mezclan su color con la estela de vapor que desprenden las nubes, resultando un matiz colorado que se funde con el gris del ambiente y, refleja diferentes tonalidades que despiertan en aquél que las observa diferentes emociones y sensaciones.

Los reproductores musicales emiten canciones tristes y melancólicas, aquellas que tienen como fin provocar una asociación sensitiva entre lo que se percibe por los ojos, se capta por el olfato, se escucha por los oídos y se recrea mediante imágenes idealizadas en el cerebro. Uno es capaz de trasladarse a un mundo externo distanciado de su propia realidad, sigue siendo consciente y no le abunda la tristeza, tiene pleno convencimiento de que por muy mal que se den las cosas, hoy puede ser un día estupendo.

Una película cuyo tema predominante sea el amor, el buen rollo y la alegría, pero que en un momento dado, se ve truncada por distorsiones de frecuencias externas que sirven, como si de un despertador se tratase, como un canal que enlaza la idealización recreada con la verdadera realidad. Los fotogramas en blanco y negro, el olor del calor y las imágenes cálidas se van difuminando con la actualidad diaria: un periódico en la mesa de un bar, un locutor que difunde las noticias del día, multitud de personas que se agolpan a la entrada de los vagones y guardias de tráfico dirigiendo un atasco en las principales entradas a la capital.

Ya no es tiempo de fantasías y ensueños sublimes. Por un momento me habría olvidado del sometimiento dictatorial de Gadafi al pueblo libio, de la candidatura de un político que se sentará en el banquillo de los acusados por cohecho, de las pocas oportunidades de empleo que tienen los jóvenes de mi generación, de la deformación de la democracia por un modelo basado en los estandartes del dinero…

Por un momento me había olvidado de la “mierda” de mundo en el que vivimos, pero me aguarda la esperanza de que sean, aquellos los que durante tanto tiempo los han denominado como masa social, los encargados de despertar al mundo y reconducir a la sociedad hacia un modelo más justo e igualitario.

Hasta entonces, dejadme soñar.